Actualmente el
problema de la degradación ambiental está alcanzando dimensiones
críticas debido a la acumulación de gases de efecto invernadero,
deforestación incontrolada, erosión de suelos, generación de residuos
sólidos y aguas residuales, entre otros. A esta difícil situación hay
que agregar también la existencia de una tendencia de estilo de
desarrollo que produce desequilibrios territoriales, fenómeno que
ocurre tanto en Venezuela como en muchos países de Latinoamérica. El
modelo se caracteriza por la concentración de la población y
actividades en ciudades, mientras que los campos se van despoblando, lo
que agudiza problemas asociados con el acceso y manejo de los recursos
naturales en ambos medios (rural y urbano).
Día
a día, enfrentamos situaciones tales como desorganización social,
déficit de equipamiento e infraestructuras, deterioro de paisajes y
ecosistemas, pérdidas de culturas y tradiciones, ya sea por congestión
en las ciudades o por declive de la inversión en áreas campestres.
Estos efectos contribuyen a desmejorar la “calidad de vida” en los
estratos más pobres y agravan la situación de pobreza.
De
continuar esta tendencia, se profundizarán los problemas migratorios,
de salubridad y las desigualdades sociales. Según datos de Cepis, entre
el 10 y el 65 por ciento de las viviendas en América Latina
(dependiendo del país) no cuenta con abastecimiento de agua segura.
Asimismo, menos del 10 por ciento de las aguas residuales en la región
reciben tratamiento. El problema es más socio-económico que técnico.
En Venezuela, por
ejemplo, de acuerdo al INE, en el Estado Amazonas sólo el 16,5% del
total de hogares disponen disponen de filtro de agua para potabilizar
el agua, situación que se repite en otros estados con índice desarrollo
medio bajo (en es decir, Delta Amacuro sólo 21,4 % de los hogares
disponen de filtros de agua y en Apure el 32,9 %). A estos
indicadores debemos añadir que la población más vulnerable a las
enfermedades hídricas se encuentra en edades comprendida entre 0 a 14
años de edad. El estado Amazonas posee una tasa de mortalidad
infantil de 35,20 (2005), seguida por el estado Delta Amacuro, con un
indicador de 31,28 defunciones infantiles (2005).
Para
resolver problemas relacionados con el acceso al agua potable,
saneamiento básico y otros servicios es preciso invertir sumas
cuantiosas en los próximos años, cuya consecución depende de una buena
cuota de sensibilidad y voluntad política. No obstante, mientras esto
se va dando, es necesario aplicar soluciones rápidas y prácticas. Es
aquí donde las tecnologías alternativas juegan un papel trascendental.
Las tecnologías de las que hablamos son apropiadas al ambiente,
apropiadas para la tarea y apropiadas por la gente. Para ser apropiadas
al ambiente tienen que utilizar recursos renovables y no sobrepasar la
capacidad de carga de los ecosistemas en los que se insertan. Para ser
apropiadas para la tarea tienen que dar respuesta al problema
–productivo o doméstico de que se trate de manera eficaz, eficiente y
generando riqueza. Finalmente, para ser apropiadas por la gente, tienen
que ser de bajo costo, de fácil manejo y manutención, de sencilla
comprensión y reproducibles a escala local. Todas las propuestas
(filtrón, método sodis, cocinas solares y muchas otras) combinan los
conocimientos tradicionales, ya que parten de las experiencias de la
población y la enriquecen.
A mediano plazo, con
la inserción de tecnologías alternativas, se busca el uso racional de
los recursos ambientales y el mejoramiento de las condiciones sociales
en términos de calidad de vida, influyendo directamente en el aspecto
de salubridad, educación, e ingresos de la comunidad. El conocimiento
de la tecnología y la apertura del paquete “transferido”, da paso al
conocimiento, esto implica el entendimiento o “know how” de la
tecnología, como opera, como funciona, para que sirve, y más aún su
aplicabilidad. Se habla de empoderamiento social en esta materia
cuando el usuario hace uso de ésta; además conoce los lineamientos
para su control y mantenimiento. La propuesta tecnológica se adapta a
la dinámica social y cultural de las comunidades, de acuerdo a
necesidades y realidades contextuales y se apoya en el conocimiento
del medio natural para lograr mayor sostenibilidad del sistema
introducido. Asimismo, el arraigo al acervo cultural de los
beneficiarios se integra con los conocimientos específicos del conjunto
de técnicas al momento de ser transmitidos para la distribución
informativa.
Otro aspecto cultural evidenciado
en la aplicación de la idea, se encuentra en la forma de organización
colectiva, en cuanto a la división de tareas y funciones en la
población, lo que facilita el establecimiento de grupos y comisiones
de trabajo para la administración de la tecnología instalada.